debates

 

 

POCAS veces un debate ha decidido unas elecciones. Hay más leyenda que realidad en la idea de que los sudores de Richard Nixon en el debate televisado ante John F. Kennedy le costaron las presidenciales de 1960. O que la frase de Ronald Reagan, en el debate de 1980 ante el presidente Jimmy Carter (“¿Están ustedes mejor que hace cuatro años?”), le llevó a la Casa Blanca.

En nuestro país hemos disfrutado de cinco debates en once elecciones generales, cinco debates en 38 años. Es el balance de una clase política muy poco acostumbrada a confrontar ideas y proyectos en prime time.

Desde 1977 sólo ha habido cinco debates entre los candidatos a gobernar España, cinco en tres convocatorias, y siempre entre PP y PSOE.

Los primeros debates entre los candidatos a presidir el Gobierno se produjeron en 1993. Uno en Antena 3 y otro en Telecinco. González contra Aznar. Casi 10 millones de personas vieron el primero, el 24 de mayo. Presentaba Manuel Campo Vidal. Se pactó la temperatura del plató, los temas del debate, la escenografía, los tiempos, la posición de las cámaras. Todo.

El segundo debate, esta vez en Telecinco y moderado por Luis Mariñas. Tuvo incluso más audiencia que el primero.

Julio Anguita impugnó los debates y exigió la presencia de Izquierda Unida en los programas. La Junta Electoral le ignoró.

En 1996 volvieron a enfrentarse González y Aznar en las elecciones aunque no hubo ningún debate televisado. El PP ganó y los debates desaparecieron durante sus ocho años de gobierno. Aznar no quiso discutir .Pasarían 15 años hasta ver el siguiente ajoy y Zapatero en 2008. Fue en la Academia de Televisión, el PP no se fiaba de TVE y el PSOE no quería ir a las cadenas privadas. El primero lo moderó Manuel Campo Vidal y el segundo Olga Viza.

El último debate hasta ahora se celebró el 7 de noviembre de 2011 entre Rubalcaba y Rajoy. Otra vez en la Academia de Televisión. Otra vez Manuel Campo Vidal como árbitro. Doce millones de personas siguieron el programa en televisión.

Los debates nos han dejado frases antológicas como la niña de Rajoy o el “Buenas noches y buena suerte” de Zapatero parafraseando a Edward R. Murrow o el cafelito que vimos compartir la noche del domingo entre Iglesias y Rivera. La campaña que se presenta debería prescindir de los rituales anacrónicos, sería necesaria una campaña que se acomode a la tecnología, al interés social y a lo que la gente queremos ver y oír de nuestros dirigentes políticos, a los que necesitamos volver a respetar aunque nunca jamás vayamos a votarlos.

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